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domingo, 10 de noviembre de 2013

1001 Películas que hay que ver antes de morir

Harán uno o dos años que me regalaron el libro editado por Grijalbo, "1001 Películas que hay que ver antes de morir", este tipo de listados pretenciosos nunca me llamaron la atención, quien es nadie para decidir eso. Pero... bueno, puede ser una escusa para descubrir, o revisionar ciertas películas, seguramente buenas, dudo que haya malas películas en este libro.



Así que me lo voy a tomar como un ejercicio, me las voy a ir viendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa como se suele decir, y ya que tengo mi blog primigenio tan parado, le usare (o tratare de usar) para este ejercicio, a ver que tal y lo que me dura, que conociéndome... y a ver lo difíciles que son de conseguir alguna de las películas, tratare de verlas cronológicamente.

Así que la proxima entrada de esta etiqueta que llamare "Películas que hay que ver antes de morir" sera, "Viaje a la Luna".

miércoles, 13 de julio de 2011

martes, 1 de septiembre de 2009

El Capitán Alatriste

El Capitán Alatriste

Año: 1996
Autor: Arturo y Carlota Pérez-Reverte
Género: Aventura Historica

Sinopsis: El Capitán Alatriste era un soldado veterano que vivía en Madrid como espadachín a sueldo. El libro narra una de sus aventuras, en la que un amigo le consigue una misión con la que podría ganar bastante dinero. Entre tanto, también ha de cuidar de Iñigo, el hijo de 13 años de un difunto compañero suyo. Siguiendo las indicaciones de su amigo, acude a una cita en la que dos enmascarados le encargan a él y al italiano Gualterio Malatesta que han de asaltar a dos ingleses: Thomas y Jonh Smith. Sin embargo, antes de acabar la cita y tras marcharse uno de los enmascarados, aparece Fray Emilio Bocanegra, presidente de la inquisición que les ordenan aniquilarlos. Estando en medio de la emboscada, Alatriste decide perdonarles la vida a los dos ingleses, es más, intercepta una estocada del italiano que iba hacia el corazón de uno de ellos. Ahí se acabo la lucha y el italiano le amenazó con vengarse. Entonces tuvo que refugiarse esa noche en casa de un amigo por miedo a que lo encontraran los que le encomendaron la misión. Mas tarde se entero que le habían engañado: los dos ingleses eran el príncipe Carlos, que se iba a convertir en el novio de la infanta española, y él marqués de Buckingham, que venían a Madrid de incógnito. Al día siguiente todo el mundo sabía que los dos ingleses estaban allí, pero nadie se enteró de que habían estado a punto de morir. Pero como el capitán no se marchó de la ciudad y salía a la calle como si nada, sufrió emboscadas en las que trataron de eliminarlo y de las que salió victorioso gracias a la ayuda de Iñigo y del propio príncipe Carlos, que le debía la vida.

Comentario: Una novela que me ha recordado mucho a otra que termine de leer hace poco, tanto por la época en cuestión, como por el lenguaje de los personajes, me refiero al Buscón de Quevedo, magnifica obra de su tiempo de la cual me abstendré a reseñarla, pues ya tuvimos bastante con los comentarios de texto de dicha novela en nuestra juventud. Volviendo a la novela que nos compete, decir que a sido una gozada ver esa época a través de los ojos de Pérez – Reverte, el cual denota una nostalgia patria de dicha época, comprendiéndola como pocos, así se nota porque se enorgullece al mismo tiempo que se duele por esa España, de la que tanto hemos heredado para bien o para mal. En otros países sobre explotan sus no tan ricos pasados para generar historias de aventuras y demás, y aquí no pasamos de novelas sesudas y poco preocupadas por llegar a lectores jóvenes o que se cansan de solo pensar leerse un libraco sesudo, y con esto no quiero quitar merito a esta novela, pues cumple a la perfección con su cometido y genero. Los personajes tienen vida propia, tanta vida que se mezclan con autenticas figuras de la época, cosa que me encanto en Sandman y que aquí Reverte se despacha a gusto. Ojala valorásemos mas nuestra historia y nos adentráramos mas en ella, pero para nuestra desgracia no pasamos de la jodida guerra civil, asi que como para disfrutar de los tercios y de esas Españas anteriores. No mencionare su adaptación fílmica, la cual me encanto en general, pero es una prueba del éxito de esta novela de llegar al publico en general, haber si solo iba a llegar el sosainas del Potter. Estoy deseando leer el siguiente relato del Capitán Alatriste y os invito a que vosotros también lo hagáis.

Psychometro: ¨¨¨¨

viernes, 28 de agosto de 2009

Discurso Paul Auster en los Príncipe de Asturias


No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

Espero que lo hayáis disfrutado.

viernes, 19 de octubre de 2007

El amuleto de Samarkanda

The amulet of Samarkand

Año: 2003 1ª Edición Original
Autor: Jonathan Stroud
Género: Fantasía

Sinopsis: Todo empezó aquel fatídico día en que un niñato escuálido y tembloroso se atrevió a invocarme a mí, ¡yo, el mismísimo Batimeo, espítiru privilegiado donde los haya, genio para muchos, diablo para unos pocos! A pesar del tartamudeo de su voz y del sudor que le empapaba, su orden no pudo ser más clara: tenía que robar el amuleto de Samarkanda a Simon Lovelace, uno de los hechiceros más poderosos y temidos de Londres... ¿Quién era ese mocoso mequetrefe que se atrevía a darme semejante orden? Y ¿porqué querría el Amuleto?

Comentario: Hacia tiempo que un libro no me obligaba a devorarle de una asentada o lo que es lo mismo, usar todo mi tiempo libre en su lectura. Eso no quiere decir que considere dicho libre la cumbre de la literatura, pero si que cumplió su cometido a la hora de entretenerme y hacerme pasar un buen rato, que muchas veces olvidamos que eso viene a ser lo primordial, posiblemente por delante de sermonearnos y mostrarnos la luz. Volviendo al libro, decir que es un sucedáneo al Harry Potter (fíjese en el uso del articulo delante del nombre, le da una forma despectiva) pero no tan empalagoso y ñoño, y digo sucedáneo, por uno de los protagonistas, que es un hechicero adolescente, eso si con malas pulgas y de carácter menos…. (censurado). El otro protagonista es el genio / demonio invocado por el, con un humor mordaz que salva la novela en general. Otra cosa en que supera al Potter (vuelvo a ser despectivo) aparte de tener mas lógica la magia que usan aquí (dentro de lo que cabe, claro) su mundo tiene mas sentido, pues es un mundo alternativo al nuestro, en los años después de la primera guerra mundial, donde impera la magia, y mientras en el mundo del Potter (lo volví hacer) viven marginados y ocultos en sus armarios, aquí, los hechiceros han tomado el control del gobierno, son los que manejan el cotarro y tratan a los plebeyos (es como llaman a los no hechiceros) como chusma descerebrada. Entrando en la historia, decir que es aventura continua que te hace leerlo hasta el final, la historia esta contada de forma compartida, algunos capitulo el punto de vista es de chico y los otros del genio, en general esta muy bien estructurada. Resumiendo, novela recomendable a gente que le guste la fantasía poco sesuda y entretenida, pasareis un buen rato. Por cierto es el primero de una trilogía (siempre que no salga un cuarto tomo).


Librometro: ¨¨¨